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Sueños de trenes: una rareza poética de Netflix

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Sueños de trenes (Train Dreams), estreno de Netflix, ofrece una experiencia reflexiva y poética sobre la vida de un jornalero.

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La vida de un jornalero puede ser dura y rutinaria, pero la de Robert no. Desde el primer momento, su vida está rodeada de belleza. Él se muestra sensible a los verdes paisajes y al agua cristalina; por eso no tiene miedo de construir un hogar en medio de la naturaleza.

El retrato de esta vida idílica no es un buen augurio en el cine. Cuando las cosas van bien, el séptimo arte sentencia: hay que ponerle conflicto, drama, tragedia. Y, fiel a la fórmula, ello sucede en Sueños de trenes.

Robert, que parecía tener la vida perfecta, enfrenta un triste episodio que lo pone a prueba. A partir de esta tragedia aparece una pregunta recurrente: ¿qué sentido tiene la vida? Uno de los personajes le da una respuesta: todos tenemos un rol en esta vida. Sin embargo, ¿cuál es el suyo? Desafortunadamente, tiene que vivir para averiguarlo.

La película es amable con el protagonista. Si bien lo pone contra las cuerdas cuando aparece el drama, deja que su historia continúe en medio de la reflexión y la contemplación.

Hasta que, al final, de una manera poética, encuentra su respuesta. En ese sentido, la película recompensa al personaje y lo coloca en medio de belleza y color.

Sueños de trenes: una joya poética

Esta película es una rareza en Netflix, plataforma acostumbrada a bombardearnos con historias construidas a partir de algoritmos. Este filme más pequeño ofrece una historia de reflexión acompañada de hermosas imágenes, meticulosamente compuestas, que nos recuerda a El árbol de la vida (The Tree of Life, 2011), de Terrence Malick, disponible en Prime Video.

Ambas tienen el mismo tono, solo que la propuesta de Malick es mucho más contemplativa, con pocos diálogos y mucha belleza en la fotografía.

En Sueños de trenes, los diálogos ayudan a comprender el punto de vista de la cinta y, además, la buena interpretación de Joel Edgerton permite empatizar con un personaje aparentemente rudo pero sensible, que carga, incluso físicamente, mucha tristeza. Se observa un peso emocional que se libera hacia el final.

Si alguna vez te preguntaste de qué va la vida o cuál es su sentido, prueba con esta película y quizás encuentres esa respuesta.

Wicked, por siempre: un intento forzado por reivindicar a la villana

Wicked: Por siempre, la segunda parte de la película estrenada el año pasado, explica el origen de los principales personajes de El mago de Oz y plantea que la bruja malvada no es realmente mala, sino víctima de una campaña mediática orquestada por una de las autoridades de Oz.

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Esta es una película puente que conecta con el clásico de 1939. Es el típico filme que revela el origen de los personajes y, a la vez, funciona como un rompecabezas que da sentido a este universo.

Del mismo modo, continúa lavando la imagen de la villana al describir una maquinaria que refuerza ante los habitantes de Oz esta condición, sin darle efectivamente una oportunidad para expresar su propia voz.

En Wicked: por siempre nada es lo que parece

En esta película nada es lo que parece, pues Glinda —la “buena”— conoce de esta campaña de desprestigio, pero hace muy poco por desmontarla. Para ella, sus aspiraciones pesan más que su amistad. Para la película, esto está bien. Elphaba o el príncipe Fiyero cuestionan, pero no exigen un cambio.

Todo parece tan forzado: la amistad entre ambas cuando hay envidias y las supuestas buenas decisiones de la bruja al transformar a los personajes de El mago de Oz. De esta manera, ciertos tramos de la historia se perciben calculados y artificiales.

Además, ¿por qué conocer la versión del villano si no habrá una reivindicación pública? Al final, en este universo, ella sigue siendo la mala del cuento si les preguntamos a los habitantes de Oz. ¿Es más importante ofrecer esta versión al espectador que a los propios personajes de la historia? Aparentemente sí.

Aunque la bruja verde obtiene un final de cuento de hadas, continúa siendo la antagonista en el mundo de Oz. Este es un intento pobre por “blanquear” a la villana. Joker, de Todd Phillips, muestra los orígenes del personaje, pero aun así él sigue siendo malo: abraza su lado oscuro y lo deja florecer a costa de la sociedad.

En cambio, aquí la bruja tiene sus motivos, sabe que es víctima de injusticias, pero prefiere sacrificarse, esconderse y vivir lejos de esta podredumbre.

Por otro lado, el personaje de Glinda encarna la hipocresía de la bondad: oculta una personalidad edificada sobre intereses y ambiciones. En el momento en que se corona —quizás la toma más acertada— se proyecta más como villana que como el hada inocente del cuento.

Lo mismo de la anterior película

En lo visual, Wicked: Por siempre apuesta por la misma propuesta de su primera parte, aunque se aprecia menos esa iluminación blanca, sin definición, que hacía lucir más pálida a la película.

Las coreografías son sencillas y correctas, y ninguna escena musical alcanza el nivel de “Desafiando la gravedad”, de la primera entrega.

Pero, como toda película puente u origin story, mantiene el interés del espectador, que busca descubrir cómo empezó la historia de determinado personaje y cómo se conecta con otra película. Tiene una fórmula similar a la de, por ejemplo, Star Wars: La venganza de los Sith. Solo que, como en Joker, Darth Vader prefiere dejar aflorar su maldad a vivir en un mundo de fantasía.

Wicked: Por siempre ofrece una película correcta y entretenida, que no profundiza ni arriesga, y que prefiere darle voz a un personaje cuya verdad no altera en absoluto el idílico e inocente mundo de Oz.

Vino la noche: Buena estética para una historia de sacrificio

Vino la noche, el documental peruano de Paolo Tizón, se sumerge en el entrenamiento militar de un grupo de jóvenes para contarnos una historia de sacrificio y camaradería.

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Se describe la intensa rutina y se combina con los relatos personales de los aspirantes. Su intimidad ayuda a conocer sus motivaciones y relaciones familiares, enfocadas más en sus madres y en sus enamoradas. A través de estos testimonios los conocemos mejor y se construye un ambiente de camaradería y amistad.

Fuera de sus habitaciones, donde se desarrolla esta complicidad, se vive una rutina exigente. En ese sentido, se cuida que las imágenes no muestren demasiado, sino que insinúen lo que está ocurriendo en este entrenamiento, dejando que los diálogos cargados de dureza y obediencia complementen estos episodios de la película.

En la preparación militar, los protagonistas pasan por los mismos obstáculos y superan las mismas pruebas. A los oficiales se les escucha ordenar y a los futuros soldados, rugir obediencia.

Vino la noche es mejor en la intimidad

Cuando los ejercicios militares terminan, vuelve la fraternidad y la confianza en este grupo. Este lado de la historia ayuda a darle más emotividad a Vino la noche y a conectar mejor con los personajes. Por ejemplo, hay una escena en que los chicos están juntos en una cama y cada va contando sus primeras experiencias en el amor.

En confianza, cuando no hay instructores, cada uno se deja conocer. Ya no son un grupo, sino seres individuales con aspiraciones y miedos. Además, resulta interesante el vínculo que tienen con sus madres, a quienes no dejan de mencionar, incluso cuando han pasado la prueba final.

La impactante propuesta visual

El documental de Tizón apuesta también por una propuesta visual que sugiere y no explicita, componiendo, por ejemplo, contrastes nocturnos que ayudan a imaginar el entrenamiento militar en las noches.

Del mismo modo, la escena de la ducha, cuando el agua salpica sobre el cuerpo del soldado y un rayo de luz asoma, transmite paz, tranquilidad y satisfacción por el esfuerzo logrado.

Pero hay un momento de la película, sobre todo hacia el final, en que el sonido pasa a protagonizar Vino la noche. Principalmente cuando a los futuros comandos se les escucha cantar una marcha mientras se van sumergiendo en el agua. En esa secuencia no hay imágenes, sino una pantalla negra donde se escuchan sus voces. Este es el tramo más impactante del filme.

Luego de ese sacrificio, al final, uno de los protagonistas disfruta como un niño su libertad, pero con el orgullo de la meta obtenida.

Vino la noche no solo acerca al espectador a esta preparación, sino que le da voz a estos jóvenes esperanzados en encontrar un norte en esta vida de sacrificios. Además, cuenta esta historia con una buena composición estética y un sonido intenso, que combinados elevan la narración de estos testimonios.

Depredador, Tierras Salvajes o como convertir un villano en héroe

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Hollywood presentó en sociedad a El Depredador en 1987 como el villano máximo de los humanos y ahora, más de 30 años después, lo redime y convierte, con Depredador: Tierras Salvajes, en un nuevo héroe para un universo digno de una franquicia reivindicativa.

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En un planeta muy, muy lejano (no tanto como la casa de Shrek), un joven depredador quiere demostrar sus capacidades para ocupar su lugar en un clan violento y salvaje. Sin embargo, su propio padre no cree en sus habilidades y ordena matarlo. Adivinen a quién da esa orden: ¡¡¡a su hermano!!! (O sea, al hermano del depredador).

Qué pecado habrá cometido el protagonista para que su propio padre no tenga ni una sola pizca de confianza en él. Si nosotros no lo sabemos, la película no se molesta en responder esta pregunta. Lo importante es el efecto que pueda causar esta decisión para activar la historia hacia el final.

No es complicado conocer la respuesta, porque si el personaje central vive, se acaba, en ese momento, la película. Pero la forma en que se ejecuta esta escena es impactante y cruel ya que describe al personaje paterno, para luego, curiosamente esconderlo hasta el final (¿para que construyeron a un villano sino lo van a usar?).

El típico viaje del autoconocimiento

De esta manera, el protagonista huye de su terruño para madurar, y en ese viaje emocional no estará solo: aparecerán una mujer robot sin piernas y una pequeña criatura.

De ellos aprenderá mucho, aunque los tres deberán madurar, trabajar en equipo y convertirse en un solo frente para salir vivos de esta cruzada alienígena.

Depredador: Digna creación de Hollywood

Depredador: En Tierras Salvajes le lava la cara a uno de los villanos clásicos del cine, apelando a las reglas tradicionales de Hollywood para convertirlo en un ser con emociones, aspiraciones y lealtades escondidas bajo una apariencia ruda y grotesca.

Es como si la película defendiera a los monstruos y los convirtiera en seres con corazón (al estilo Guillermo del Toro), capaces de sentir amistad y empatía por su entorno.

Visualmente también resulta interesante, principalmente en la escena final en la que el protagonista debe enfrentar a su padre en la pelea cumbre. En ese sentido, la fotografía acompaña bien esta ficción.

Menos es más

Lo mejor es que la película va al grano. Sabe a lo que va; no necesita alargarse para narrar una historia creada solo para entretener con coherencia y espectáculo.

No subestima al espectador, sino que le entrega argumentos para conocer los talentos y miedos (solo lo básico) de los personajes, sin complicar a la audiencia, y de esta manera entender sus motivaciones. Así queda clara su evolución hacia el final.

En conclusión, Depredador: En Tierras Salvajes resulta una experiencia interesante y entretenida, con chispazos de buena imagen y bastante pegada a los manuales de Hollywood. No se sorprendan si por los buenos números de taquilla haya una nueva secuela y ojalá los creadores tomen nota que iremos a verla al cine con las expectativas bastante altas.

 

Ramón y Ramón y la cura que viene con el perdón

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Ramón y Ramón, de Salvador del Solar, aborda la complicada relación paterna y la necesidad de perdonar para sanar nuestro dolor interno.

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Ramón debe decidir el destino de las cenizas de su padre, recibidas durante la cuarentena decretada en la pandemia de la COVID-19. Evidentemente, en esta coyuntura la solución no será sencilla por el encierro ordenado por el gobierno. La situación es aún más complicada porque la relación entre ambos se enfrió luego de que Ramón revelara su homosexualidad.

Su padre terminó alejándose una vez conocida su orientación sexual, dejando muchas preguntas en el aire y abonando a que esa herida se mantuviera abierta hasta el final de sus días.

Entonces, Ramón, apoyándose en un amigo español varado en Perú, decide dejar las cenizas de su padre en su tierra natal: Huancayo.

¿Ramon Ramon es una película sobre la pandemia?

De esta manera se inicia un camino hacia la reconciliación y el perdón, que también sirve para recordar los sucesos de la pandemia. Uno de ellos, el más pintoresco, es el viaje forzado que realizaron muchas familias de Lima a sus localidades de origen. Abandonaron la capital porque el dinero ya no alcanzaba.

Esta no es una película sobre la pandemia, sino que habla de ella para mostrar los duros momentos que todos vivimos en esos años. Este contexto no influye directamente en la historia, pero podría tomarse como un símbolo: el encierro no soluciona nada; al contrario, el camino es sacar el dolor contenido en nuestros corazones para encontrar alivio en el perdón.

Este viaje al interior del país le sirve a personaje central para exponer sus heridas, hacerse preguntas y comprender a su padre. Al final observamos cómo este personaje evoluciona: en las primeras escenas aparece borracho, descuidado, desorientado y melancólico, y al final se muestra más libre, con ropa más colorida, como el paisaje andino que lo acompaña.

¿Perdona o no perdona a su padre? En la toma final hay un detalle que responde esta pregunta.

¿Caballos lentos se acerca a la fórmula del género de espionaje?

Caballos Lentos (Slow Horses) de Apple TV ofrece otra mirada en su quinta temporada. Si en las anteriores exploraba las relaciones entre sus personajes y sus secretos, en esta se enfoca en un temor tan viejo como actual: el terrorismo.

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La quinta temporada arranca con un ataque terrorista en Londres, en el que se asesina a transeúntes. Como es evidente, el gobierno británico se pone en alerta y sale en búsqueda de los responsables de esta masacre.

Sin embargo, esta investigación parece indicar que este equipo de espías del MI5, enviados al exilio, o bien es el próximo blanco de los terroristas, o de alguna manera está involucrado en el ataque.

Entonces, la quinta temporada de Caballos Lentos acelera el ritmo para encontrar la verdad, pero dando una oportunidad explícita a que estos supuestos torpes e “impresentables” agentes del MI5, alejados de sus oficinas por faltas a su trabajo, luzcan sus habilidades.

Caballos Lentos: ¿Una más del género de espionaje?

En ese sentido, la serie se asemeja a otras del género de espionaje en las que poco a poco se va desarrollando la historia en capas, develando secretos y mostrando jugadas interesantes que pueden dejar perplejo al espectador.

Pero Caballos Lentos lo narra a su estilo, con humor negro y áspero, sin que los personajes dejen de lado sus intereses e incluso sus torpezas.

No obstante, la serie no deja de acercarse a otras del mismo género de espionaje, en las que se va distrayendo al espectador de la verdad, develada solo hacia el final luego de muchos giros que finalmente llevan a identificar al culpable después de múltiples opciones descartadas.

Sin embargo, en general, la serie sigue siendo buena, con sólidas primeras temporadas, aunque esta quinta es más efectista y entregada al espectáculo que a la intimidad de sus personajes.

El correcaminos y su intento por imitar a Rápidos y Furiosos

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El Correcaminos intenta ofrecer su propia versión de Rápidos y Furiosos a la peruana, con mototaxis, circuitos inofensivos y personajes caricaturescos.

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Jesús (Enmanuel Soriano) solía competir en carreras de mototaxis hasta que un accidente provocado lo alejó de ellas. Años después, enfocado más en su trabajo que en las competencias, decide regresar porque necesita salvar su casa de un embargo ocasionado por una deuda hipotecaria.

Hay una idea en esta película, una motivación simple de entender, que se desarrolla en un ambiente similar a un videojuego, donde se presentan personajes extraños que representan algunos elementos de la cultura peruana.

Se construye esta atmósfera para divertir a la audiencia y evitar que se sumerja en el bostezo durante la hora y media que dura El Correcaminos. Que sea graciosa o no depende, en este caso, del punto de vista de cada espectador. El humor, los chistes y las ocurrencias se sienten más calculados que espontáneos o naturales.

El Correcaminos parece un video de Youtube con avisos

La película puede seguir una fórmula, un esquema, quizás hasta hollywoodense, pero cuando se convierte en un video de YouTube para mencionar a sus auspiciadores, se vuelve pesada. Parece que en El Correcaminos no encaja la publicidad subliminal, y que esta debe ser explícita para cumplir con los patrocinadores.

Por otro lado, si alguna vez pensaron asemejarse a Rápidos y Furiosos, parece que la intención solo quedó en la campaña de marketing, ya que la propuesta no pasa de una carrera de mototaxis con obstáculos inofensivos, sin nada impresionante ni espectacular que ofrecer a las audiencias.

Probablemente faltó mayor fuerza en el guion, complicarle más la vida a los protagonistas y salir de la caricatura para ofrecer un producto más sólido y entretenido.

En general, se agradece que existan intentos por explorar otros géneros cinematográficos en el cine peruano.

 

Frankenstein al estilo Guillermo del Toro

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Frankenstein, la nueva película de Guillermo del Toro, se estrenó en Netflix con una propuesta visualmente impactante y con una notable actuación de Jacob Elordi como la criatura.

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La enésima adaptación del libro de Mary Shelley se desarrolla bajo la mirada de Del Toro, quien destacó que lleva años intentando concretar este proyecto para el cine.

De esta manera, el director mexicano toma al monstruo más popular de la literatura mundial para adaptarlo a su estilo y desde su propio punto de vista.

Como sucede en su filmografía, abraza a esta criatura como a todos los monstruos creados en sus películas: no lo deja solo, le da emociones, poderes sobrenaturales y justificaciones que permiten al espectador empatizar con él.


El trabajo de Elordi

A diferencia del libro, la criatura tiene motivos para reprochar y actuar con violencia. Posee alma y razones que justifican sus acciones; en ese sentido, la interpretación de Jacob Elordi resulta fundamental, ya que le otorga corazón a este personaje.

Elordi ofrece una mirada tierna, pero cálida, dentro de todos los retazos que forman su cuerpo. Sin embargo, no todos —ni siquiera su creador— están dispuestos a apreciar esas cualidades, pues solo ven en él a un monstruo.

Por ello, la segunda mitad de la película —cuando comienza la versión de la criatura— eleva notablemente esta nueva interpretación de Frankenstein.


Un tipo ambicioso

Al inicio tenemos a un Víctor Frankenstein ambicioso, sin ética, capaz de empujar los límites para alcanzar sus diabólicos objetivos. Por eso nos preguntamos: ¿quién es el verdadero monstruo en esta historia? ¿El creador o la creación?

Para Guillermo Del Toro, Frankenstein es un ser repudiable, gobernado por su soberbia y llevado por sus ambiciones a tomar malas decisiones. En cambio, la criatura es víctima de esas decisiones.

Mientras el protagonista transita por espacios opulentos, su creación se desarrolla en campos floridos y bajo la protección de un anciano que disfruta de sus últimos días, arrepentido de sus pecados.

No obstante, cuando ambos coinciden en escena, se forma una relación de padre e hijo que repite el mismo esquema que vivió Frankenstein con su propio padre: un vínculo marcado por la distancia y el dolor.

Sin embargo, cuando solo observamos a Víctor Frankenstein en acción, la película se vuelve más fría, menos emocional, ya que este personaje está concentrado en su ambición más que en su alma. Él se formula preguntas para lograr sus objetivos, pero no sobre su papel en el mundo, como sí lo hace su criatura.


Visualmente potente

La historia se desarrolla en una ambientación impactante y una hermosa fotografía que, sobre todo hacia el final, reconcilia a la criatura con el mundo. En este sentido, la película dialoga con las descripciones de amaneceres, paisajes helados y bosques olvidados del texto de Mary Shelley.

Hay una variedad cromática destacable que encaja perfectamente en el estilo de Del Toro. Del mismo modo, la violencia que aparece en esta película recuerda a la de sus obras anteriores, en las que fuerza al espectador a imaginar el dolor de sus personajes.


¿Se parece al libro?

Si comparamos el libro con la película, encontramos muchas diferencias. Por ejemplo, el texto original no es amable con la creación de Frankenstein; al contrario, la presenta como un ser violento y resentido. Shelley defiende a su protagonista, mientras que Del Toro defiende a su criatura.

El libro parece hablarnos de nuestros demonios internos y de la búsqueda por dominarlos; en cambio, Del Toro prefiere explorar el perdón, la relación entre padre e hijo e incluso la defensa de nuestras diferencias.

En general, Guillermo del Toro ofrece una adaptación visualmente poderosa que no traiciona su estilo, ni visual ni narrativo, y que tiene en la interpretación de Jacob Elordi su mayor fortaleza, aunque se distancia considerablemente de la propuesta original de Shelley.

¿Vale la pena ver Juan Gabriel, Debo, puedo y quiero?

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Juan Gabriel, el divo de Juárez, aparece como un personaje entrañable y talentoso en la nueva serie documental estrenada en Netflix.

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A partir de videos caseros grabados por el propio compositor mexicano, ingresamos a su intimidad y lo conocemos más allá de sus conciertos. Además, la historia se apoya en audios de amigos, familiares y artistas que mantuvieron una relación cercana con él.

En cuatro episodios se abarcan sus orígenes, sus éxitos y conflictos, hasta llegar a su muerte, tan inesperada como su fama.

Más cerca de él

Queda claro que no tuvo una vida fácil, y él no tiene problemas en contarlo. Rechazado por su madre y su familia, se aferró a su talento para salir adelante. Al final, esa decisión lo llevó por el camino correcto. Si bien su entorno no lo aceptó, el mundo lo cobijó en su regazo y le dio el lugar que merecía en la historia de la música.

Evidentemente, esta serie de Netflix funciona como un homenaje a su legado, pero esas imágenes grabadas en su intimidad nos acercan más al hombre que compartió una época con figuras relevantes de la cultura mexicana, como María Félix.

Estas grabaciones presentan a un hombre cercano a su familia, franco, consciente de su talento y divertido. Las entrevistas a su entorno ayudan a darle contexto. Esto brinda una visión más completa sobre la vida del cantante, permitiendo comprender mejor sus relaciones familiares y amicales.

También se abordan sus problemas, pero en ningún momento Juan Gabriel aparece molesto o descontrolado. Al contrario, se muestra sonriente, tranquilo y con respuestas rápidas e icónicas, como aquella que dio en una entrevista a CNN en Español cuando lo interrogaron sobre su orientación sexual.

Respeto al cantante

Esta serie respeta al cantante: si bien toca sus conflictos, no los profundiza; solo los presenta y continúa con su legado. Le da su lugar al mostrar los hitos que marcaron su carrera, como su primer concierto en el Palacio de Bellas Artes, que supuso un desafío mediático y cultural. Además, conecta al público con su intimidad al mostrar a un Juan Gabriel jugando con sus hijos, bailando sin polo, tiñéndose el cabello o interactuando con sus amigas cantantes.

En conclusión, quien vea esta serie —si es seguidor de la música de Juan Gabriel— terminará apreciándolo más y prodigándole amor eterno.

Springsteen: Música de ninguna parte ¿Un buen musical?

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Springsteen: Música de ninguna parte (Springsteen: Deliver from Nowhere) funciona como un biopic musical, aunque menos explosivo y rítmico que otros filmes similares.

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La película de Scott Cooper, protagonizada por Jeremy Allen White (The Bear), profundiza en el personaje para exponer sus inseguridades y carencias. En ese sentido, aborda su relación distante y problemática con su padre, una ausencia siempre presente en los pensamientos del protagonista, que busca respuestas a ese vínculo paterno roto en la infancia.

Por eso vemos al personaje más solo, en su sala o en su cama, con una iluminación tenue y un rostro compungido.

Una película más íntima

Springsteen: Música de ninguna parte es, entonces, un filme más introspectivo e íntimo.

Proyecta a un personaje en una crisis personal que termina empujando su creatividad y lo lleva a crear uno de los mejores discos de su carrera.

Al apostar por esta perspectiva, las escenas musicales son mínimas. Abundan, en cambio, los diálogos, las reflexiones y las miradas perdidas, más que los conciertos o la exploración del origen de cada canción, como ocurrió en Bohemian Rhapsody o Rocketman.

¿Qué podemos destacar?

Lo mejor está en la exploración de la relación padre e hijo. A través de recuerdos, el personaje describe este vínculo y, con ello, parece plantear una pregunta: ¿su padre lo quería o no?

La respuesta llega al final, en una escena emotiva y honesta. Lástima que este elemento aparezca poco, ya que aporta mayor emoción a Springsteen: Música de ninguna parte.

En general, la película por momentos se vuelve lenta, o quizá el espectador llegue con la expectativa de disfrutar de la música de Bruce Springsteen. A diferencia de Un completo desconocido, el filme sobre Bob Dylan protagonizado por Timothée Chalamet, cuya música es también reflexiva y pausada, pero donde el ritmo cinematográfico resulta más dinámico e, incluso, impactante. Eso es, quizás, lo que le faltó a esta película.