Mandalorian y Grogu: ¿Hacia dónde va Star Wars?

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The Mandalorian y Grogu provoca más una reflexión que una crítica sobre la película. Analizar sus intenciones sería estéril, ya que esta propuesta solo busca entretener y ganar dinero.

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La pregunta es hacia dónde se dirige la franquicia de Star Wars. Probablemente este sea el universo cinematográfico más longevo de Hollywood, exprimido hasta la saciedad para hacer números en la taquilla. Star Wars: El despertar de la fuerza (2015), un remake de Una nueva esperanza, funcionó para captar a las nuevas generaciones y, de esta manera, reconectar la franquicia con un nuevo público. Desde el 2015 se estrenó una película por año hasta el 2019; luego, se enfocaron en series como Andor, The Mandalorian y Obi-Wan Kenobi.

Dada la buena recepción de The Mandalorian en streaming, se lanzó una película este año con la esperanza de preparar el camino para futuros proyectos. Si The Mandalorian y Grogu marca la pauta de este nuevo reinicio de la franquicia en las salas, entonces podemos intuir que esta busca mantenerse viva con los mismos recursos de entretenimiento ofrecidos hasta el momento.

La cinta ofrece solo una historia ligera de aventuras y amistad desarrollada para entretener al público. De esta manera, la propuesta se asemeja más a Han Solo o a la serie Obi-Wan Kenobi que a un planteamiento más audaz como Andor. Esta apuesta aprovecha el éxito en la televisión para capitalizarlo en el cine. Aunque la taquilla no ha sido demoledora, los números son aceptables e indican que las películas sobre Star Wars continúan vigentes.

¿Qué se viene en Star Wars?

Además, calienta el camino para la película que llegará el próximo año, Star Wars: Starfighter, con el carismático Ryan Gosling como protagonista. Por la elección del actor y del director Shawn Levy —más vinculado a comedias como la trilogía de Una noche en el museo, Deadpool & Wolverine o Free Guy—, el filme apuntaría a un estilo más ligero y de entretenimiento, en la línea de The Mandalorian.

Entonces, podríamos intuir que Star Wars continuará con la misma receta ganadora para mantener vivo el interés de los fanáticos. Esperar propuestas arriesgadas es perder el tiempo; lo más efectivo es ir al cine pensando en pasarla bien, en lugar de buscar la excelencia o el riesgo.

The Mandalorian y Grogu entretiene, por momentos enternece y en otros divierte, pero solo funciona como un relleno más dentro de la larga lista de cintas de Star Wars.

Rebuilding: crítica a la película de Josh O’Connor en Netflix

En Rebuilding, Dusty tendrá que rehacer su vida luego de que un incendio forestal arrasara con su rancho en los Estados Unidos. Aparentemente apático y resignado a las circunstancias, busca opciones, aunque no precisamente para salir adelante, sino para sobrevivir. Tiene una hija pequeña, pero no es un papá modelo ni la principal fuente de su sustento; es, más bien, un pie de página en la vida de la niña.

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Por si fuera poco, el entorno no ayuda mucho, ya que la única opción presentada hasta el momento es convivir en un campamento de casas rodantes. Otra salida a su desgracia es irse lejos, dejar su rancho y a su hija para ahorrar y quizás regresar; es decir, trabajar fuera para invertir en sus tierras.

Sin embargo, aparecen momentos que lo obligan a redefinir sus objetivos. Quedarse sin rancho lo empuja a vincularse más con su hija, y escuchar a una antigua amiga de su mamá, así como conocer mejor a sus compañeros de campamento, lo ayudan a tener otra perspectiva.

Rebuilding, película disponible en Netflix, se narra con mucha serenidad, sin mayores aspavientos ni dramatismos. Dusty, en la piel del actor Josh O’Connor, proyecta apatía y calma, y por momentos deja que la vida fluya para ver qué alternativas se presentan en el camino. La actuación va a tono con una historia que privilegia las conversaciones reflexivas sobre los reproches o los excesos; es como si se buscara que el protagonista una las piezas, encuentre sus propias lecciones de vida y halle soluciones a sus problemas. Solo hay un segundo en el que se le permite al personaje llorar, para luego reconstruirse y encontrar una resolución final.

Podría decirse que Rebuilding es una película sencilla, pero el calificativo adecuado sería «serena», un recordatorio para que quizás nos detengamos un momento, respiremos y tomemos la decisión más adecuada para salir adelante cuando las papas queman.

The Boys, temporada final: ¿Qué balance dejó esta serie?

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The Boys, temporada final, tuvo en el gobierno de Donald Trump una fuente de inspiración.

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Esta temporada final parece dedicada a los excesos y excentricidades del régimen trumpista. Homelander, el superhéroe máximo de esta liga de salvadores mundiales, asume este papel con convicción.

Este ya no quiere ser el líder de la nación más poderosa del planeta, sino un dios, el fundador de una religión exclusivamente norteamericana. Parece que los creadores de The Boys tomaron apuntes de la imagen generada con Inteligencia Artificial (IA) por Donald Trump, donde aparecía como un Jesús sanando enfermos, para construir la temporada final de la serie.

También hay una breve secuencia donde aparece un multimillonario con 15 hijos, inversiones en viajes espaciales e interés en aumentar la fertilidad entre personas blancas. Este personaje es una alusión directa a Elon Musk, hasta hace unos meses aliado incondicional de Trump.

The Boys: una sátira de superhéroes

De esta manera, The Boys funciona como una sátira. Dosifica la violencia y la creatividad sexual características de sus primeras temporadas para enviar un mensaje directo a la audiencia.

La serie juega con la posibilidad de un jefe de gobierno que se cree un dios para perpetuarse en el poder y gobernar sin límites. No obstante, en sus ocho episodios no profundiza en complejidades psicológicas ni se apoya en susurros detrás de bambalinas, como lo haría una serie más política. Prefiere satirizar, reimaginar y dejar que el villano máximo tome el trono mediante la violencia más que por inteligencia.

Mientras este loco se asume como un ser omnipresente, el resto —los antihéroes— busca su aniquilación por el bien de la humanidad. Aunque en condiciones desfavorables, estos personajes intentan encontrar formas de deshacerse del enemigo público. Esa recompensa llega en el capítulo final, con una humillación definitiva que cierra la serie con un epílogo positivo.

The Boys terminó y vale la pena hacer un balance sobre su impacto en la audiencia.

La serie, estrenada en Prime Video, llegó cuando el género de superhéroes estaba en su apogeo gracias al estreno de Avengers: Endgame, fenómeno mundial que puso fin a una década de fantasías heroicas.

Por qué es importante The Boys

Entonces, The Boys apareció como una opción diferente: más política, satírica, violenta y sexualmente explícita. Leyó el clima político norteamericano y, en función de esa dinámica, exageró sus elementos para burlarse de ellos. La serie nunca se toma demasiado en serio, pero incluso en esos momentos parecía anticipar un Estados Unidos caótico.

Su valor radica en arriesgar dentro de un género acostumbrado a complacer a sus fanáticos con historias fáciles, peleas coreografiadas y efectos visuales extravagantes.

No solo tuvo el acierto de hablar de política, sino también de proyectar la violencia de personajes que ejercen un poder sin límites, no necesariamente utilizado para defender a la humanidad.

Por eso, a lo largo de sus cinco temporadas, construyó un nicho fiel que acompañó la serie hasta el final. The Boys culmina retornando a su esencia para tomar el pulso de una coyuntura inédita en la que, hasta ahora, sigue siendo la primera potencia del planeta.

Industria: una serie desafiante y fascinante

Industria de HBO Max no es una serie fácil.

Si por un lado tenemos a The Pitt, una serie médica que utiliza tecnicismos en sus diálogos, Industria aplica la misma fórmula para sumergirse en un mundo empresarial desafiante, rápido y corrupto.

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Esta serie de cuatro temporadas empieza con las experiencias de jóvenes pasantes en el banco de inversión Pierpoint. Cada uno llega con ambiciones a un ambiente tóxico donde prima ganar dinero. Es como si ingresaran a un entrenamiento militar, pero, en este caso, para enfrentar una guerra económica.

De alguna manera, Industria marca el tono de su historia cuando uno de estos pasantes, abrumado por la presión, muere en la oficina. A partir de este episodio se va describiendo una industria calculadora e hipócrita.

Pero en Industria importan más las historias de Harper, ambiciosa, competitiva y aparentemente sin moral, y Yasmin, quien posee una personalidad engañosa, frágil en lo laboral y dominante en la intimidad. Las personalidades de ambas jóvenes irán evolucionando a lo largo de estas cuatro temporadas, ofreciendo varias capas, hasta ir encajando en estos tiempos de cambios.

Industria y sus personajes complejos

Industria no solo es compleja por su verborrea económica, sino también por sus personajes. Estos ofrecen más sombras que luces, pero, dentro de sus defectos, incluso hay más oscuridad. Este elemento hace más rica la propuesta de esta serie, ya que son seres cínicos, sin interés en dictar cátedras de moral, sino en ir al ritmo de la industria, pero bajo sus propias reglas.

A partir de la tercera temporada, la serie disponible en HBO Max cede en sus tecnicismos y prioriza el drama, la moralidad y la ironía sobre un sistema competitivo, pero sin ética y permeable a las ideologías de los tiempos.

Es importante subrayar este último punto porque, si bien las dos primeras temporadas están influenciadas por la cultura woke, las últimas abordan el ascenso de la ultraderecha en Europa.

En la cuarta temporada, narrada al ritmo de un thriller de espionaje y con una omnipresente música, hay una mezcla explosiva de empresarios y políticos con la pretensión de cambiar el mundo de manera vertical.

Peligrosos multimillonarios

El cine y la televisión han venido representando a los multimillonarios como seres excéntricos y caricaturescos, pero en Industria los muestran como personajes peligrosos, ambiciosos, corruptos, inmorales y sin límites. Su crítica hacia esta élite es frontal y no pretende redimirlos, sino encararlos en su real dimensión.

En ese sentido, principalmente, la historia se torna más extrema y cruel. Justamente en este tramo de la serie las personalidades de Harper y Yasmin empiezan a moldearse. Una parece desubicarse en los nuevos tiempos, mientras que la otra parece sentirse como pez en el agua.

Además, para darnos una idea de la complejidad de estos personajes, también se aborda su nada convencional vida sexual, imbuida en perversiones para someter al otro a sus deseos. El riesgo asumido por los actores en esas escenas es importante, ya que se nota que están entregados a sus personajes.

Vuelvo a repetir: no es una serie fácil, pero, si le prestas atención, puedes vivir una experiencia agradable y hasta aleccionadora sobre un sector del mundo que parece vivir escondido, aunque con una influencia decisiva en la historia mundial.

Obsesion y el terror como propuesta seria

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Obsesión demuestra que el género del cine de terror siempre busca innovar y entregar una propuesta diferente al espectador; el problema surge cuando comienzan las secuelas y se aplican las recetas de Hollywood, malogrando, en la mayoría de los casos, los productos.

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En este caso, Obsesión ofrece el efecto perverso y literal de la frase: “Cuidado con lo que deseas”. Bear, un joven vendedor de instrumentos musicales, desea que su compañera de trabajo, Nikki, sea su enamorada. Entonces, ante su tenaz timidez, recurre a un juguete —una especie de tronco— para pedir que la muchacha solo viva para él. El efecto es inmediato y Nikki empieza a interesarse en Bear hasta iniciar una relación.

Bear está cumpliendo su sueño, pero la película advierte lo contrario: podría ser su pesadilla. ¿Cómo lo hace? Pues oscureciendo la imagen de Nikki. En ese sentido, en varias escenas de diálogo, mientras el personaje de Bear aparece iluminado, ella figura oscura, incluso con una lámpara encendida. De esta manera, el filme anticipa problemas ante la audiencia cuando escuchamos diálogos aparentemente inofensivos.

La supuesta relación de los jóvenes desencadena eventos sucesivos de obsesión, violencia, drama y perversidad, que no hacen más que empeorar el sueño del joven enamoradizo. Él solo quería tener un amor tranquilo, pero el universo le ofreció solo el empaque: la chica, pero vacía y llena de maldad e ira.

Obsesión: Masculinidad frágil y apego emocional

Obsesión ofrece una historia innovadora y retorcida sobre los deseos, pero también parte de la inseguridad masculina. Su cobardía lo lleva a utilizar métodos incorrectos con resultados nefastos. A veces, el guion también ofrece en sus diálogos ejemplos de apego emocional tóxico, ya que hay escenas en las que uno se pregunta si el muchacho no repara en el problema que tiene al frente.

Asimismo, la película tiene un lenguaje visual interesante. No solo hay tomas donde Nikki aparece oscura, sino también contraplanos en los que se deja a los personajes solos frente a la cámara para intuir su locura —por el lado de ella— y el desconcierto, e incluso el miedo, por el lado de él.

Además, la película incluye todos los recursos vistos en las cintas de terror, pero hay, principalmente, una secuencia —la conversación en el auto— que está bien ejecutada, a tal punto que hace saltar a toda la audiencia por el susto que genera ese momento.

Al final, una historia que ofrece sucesos donde todo va empeorando no apunta a un epílogo feliz, sino todo lo contrario. El epílogo ofrece una solución para contener el mal, aunque esto signifique el sacrificio de uno de sus personajes. Si la película empezó como una comedia romántica, termina como una cinta de terror pura y dura.

En conclusión, Obsesión ofrece una buena propuesta para quienes disfrutan de este género sin descuidar la historia ni los aspectos visuales. Dado su éxito —invirtió un millón de dólares y ganó 24 millones de dólares en una semana—, lo más probable es que vuelva a aterrorizar pronto.

La casa de los espíritus: crítica a la miniserie de Prime Video

La casa de los espíritus, miniserie de Prime Video y adaptación de la novela de Isabel Allende, sigue el mismo estilo de Cien años de soledad de Netflix.

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Podríamos concluir que ambas tienen la misma estética de imagen limpia para una pantalla 4K, que mantiene ambientes claros incluso en escenas nocturnas. Cuando la historia se sumerge en el caos y el terror, la fotografía ofrece la misma claridad y no se apoya en matices para expresar las emociones de los intérpretes.

También adapta la novela de Allende de manera literal, sin profundizar en la psicología de los personajes, tan ambiguos y contradictorios en las páginas de la autora chilena. Por ejemplo, el retrato del personaje de Esteban Trueba en el texto resulta controversial, ya que, si bien es un devoto de su familia —principalmente de su nieta—, su conducta con el resto del mundo corresponde a la de un déspota.

Esta cualidad está ausente en el relato audiovisual por primar una narración de los hechos más que el abordaje de la complejidad de esta y otras figuras de la historia.

La bendita voz en off de La casa de los espíritus

Asimismo, La casa de los espíritus y Cien años de soledad comparten el uso de una voz en off, un elemento también presente en la adaptación de la serie Como agua para chocolate, de HBO Max. ¿Por qué no dejar que las interpretaciones y los diálogos hagan lo suyo? Es como si se hiciera una radionovela en vez de una miniserie.

Por eso, La casa de los espíritus no ofrece riesgo ni una propuesta original, sino que transita entre la corrección en la adaptación y en las imágenes para evitar conflictos con el espectador.

No obstante, el acierto está en que la adaptación abarca casi toda la novela de Isabel Allende, aunque deja algunos personajes y episodios fuera de la pantalla chica. La novela ofrece una rica historia de familia y poder, presente en los ocho episodios de La casa de los espíritus de Prime Video.

Esto está ausente, por ejemplo, en la adaptación de 1993, una película protagonizada por Meryl Streep, Jeremy Irons, Winona Ryder y Antonio Banderas, que aún puede verse en YouTube. Esta película solo toma una parte de la novela, mientras que la miniserie lo hace mejor.

La parte más política

En ese sentido, la miniserie no deja atrás el componente político del libro, que ofrece otro punto de vista sobre la caída del gobierno de Salvador Allende y la instauración de la dictadura militar de Augusto Pinochet.

Desde esta perspectiva, este episodio histórico funciona como un trasfondo que afecta a una familia que, en teoría, no debería verse perjudicada por este tipo de regímenes. Sin embargo, el autoritarismo no cree en condiciones socioeconómicas, sino que van al ritmo de la misma canción.

Entonces, la miniserie dedica dos capítulos a este momento y, sin caer en efectismos o en la manoseada voz en off, deja que los acontecimientos fluyan y eleven la historia hacia el final.

En conclusión La casa de los espíritus no quería generar controversias, entonces apostó por una vía más segura para evitar sobrerreacciones en la audiencia.

Las ovejas detectives: Crítica a la película de Hugh Jackman [Prime Video]

Las ovejas detectives demuestran que estos animales no son dóciles, sino inteligentes.

Esta película, protagonizada por Hugh Jackman, parece más una oportunidad para romper con los prejuicios que impiden ver desde otra perspectiva al resto.

[ACTUALIZACIÓN. Esta película está disponible en Prime Video]

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Si bien está claro que la comedia busca otorgar otra mirada de las ovejas, también podemos deducir que el mensaje apunta a animar al espectador a superar falsas creencias para conocer aquello diferente y distante de nosotros, más por dudas que por certezas.

Pero el filme va más allá y plantea también prejuicios dentro del mismo rebaño. Es decir, las víctimas también tienen sesgos hacia determinadas razas y, debido a ello, es que se hacen juicios de valor que llevan a conclusiones equivocadas.

Una comedia con olor a Disney

Esta es la idea central de Las ovejas detectives. Una comedia familiar, inofensiva y correcta para todo el público. Un estilo similar al formato Disney.

Lo interesante de este planteamiento es que se pone a prueba la inteligencia de las ovejas en un complicado crimen.

Los animales encuentran las pistas, ayudan a la policía y llegan a la resolución del caso con un giro aparentemente inesperado, pero forzado. No hay indicios en la película que apunten al culpable, pero, en el momento de la revelación, llueven hechos simplemente para sustentar esa decisión.

El plan detectivesco no es el motor de la película, sino la excusa para sobresalir las bondades del rebaño.

A ello hay que añadir que los efectos empleados para animar las ovejas van en la misma línea de los observados, por ejemplo, en El Rey León. En ese sentido, nada extraordinario.

No sé si la película logró animarnos a enfrentar nuestros miedos y dejar de juzgar al resto por estereotipos, pero lo más probable es que el público tome el mensaje de manera literal y vea a las ovejas de otra manera.

La bronca, temporada 2: el chantaje como espejo social

La bronca, segunda temporada, me hizo recordar a The White Lotus, miniserie de HBO Max que propone una historia de familias que vienen a exorcizar sus problemas en un hotel de lujo.

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La segunda temporada de La bronca (Beef), estrenada en Netflix, parece seguir el mismo patrón. En este caso, hay varias historias entrecruzadas unidas por el chantaje.

Por un lado, tenemos una pareja de esposos, otra de jóvenes enamorados y una de multimillonarios. Los tres se conocen, saben que existen, pero se conocerán más cuando empiecen a extorsionarse.

Si en The White Lotus los personajes aprovechan el descanso en un hotel de lujo para dejar aflorar sus emociones negativas hasta explotar, en esta temporada de La bronca la coacción obliga a los personajes a explorar sus almas y dejar que afloren sus demonios.

Del mismo modo, ambas series se burlan de los problemas de los ricos, de sus gestos e incoherencias, y ponen en vitrina sus contradicciones e hipocresías.

Solo que en La bronca los multimillonarios parecen distantes, intocables y violentos, dispuestos a resolver los problemas con dinero: la imagen común observada en la mayoría de series.

Una competencia por el orden social

Mientras que, a la mitad, aparecen aquellos dispuestos a complacerlos para mantener una posición social y, al final de la pirámide, figura una pareja de jóvenes enamorados, maltratados, pero dispuestos a dejar atrás los escrúpulos para ascender en esta jerarquía.

La herramienta para escalar en este orden social es el chantaje. No importa cómo ni dónde; lo importante es sacar ventaja y alcanzar un puesto lo más arriba posible en esta pirámide.

Pero, hacia el final, hay una resolución de los conflictos más efectista que dramática. Quizás divertida y hasta sarcástica, pero no hay un choque emocional, sino una alianza débil dispuesta a enfrentar al más poderoso, donde pierde la pareja que hace las cosas correctas y gana aquella que toma una decisión más práctica.

Actuaciones impecables en La Bronca

No obstante, el pilar más importante de la segunda temporada de La bronca está en las actuaciones. El trabajo de Oscar Isaac, Carey Mulligan, Charles Melton y Cailee Spaeny es impecable.

La pareja conformada por Isaac y Mulligan proyecta conflicto y caos. El personaje de Oscar Isaac puede ser cínico y arribista; por momentos, adulador como estrategia para mantener su puesto, en tanto que el rol de Mulligan puede ser exigente, hipócrita y mordaz para evitar perder el terreno ganado.

Mientras que Cailee Spaeny interpreta a una joven con una imagen engañosa. Aparenta fragilidad cuando, detrás de esa supuesta delicadeza, hay una mujer obsesiva, chantajista y práctica. Por su parte, Melton otorga a su personaje una inteligencia escondida detrás de una careta de inocencia.

La temporada 2 de La bronca no es tan explosiva como la primera, pero tiene en sus interpretaciones la fortaleza para disfrutar de esta nueva historia.