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Soy Celine Dion: Crítica al documental estrenado en Prime Amazon

La cantante Celine Dion se abre en el documental Soy Celine Dion para contarnos los pormenores de su enfermedad y cómo la sobrelleva en estos años.

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La intérprete de My Heart Will Go On, canción principal de Titanic, sorprendió al mundo, el 2022, al anunciar que padece del Síndrome de Persona Rígida (SPS). Esta enfermedad rara se caracteriza por episodios de rigidez y espasmos musculares dolorosos.

Por tal motivo es que Celine Dion está lejos de los escenarios para tratar este mal.

Precisamente esta película estrenada en Prime Video funciona como un desfogue de la cantante a sus seguidores a quienes abre su corazón para contarles cómo es que la está pasando por estos años.

Y no la está pasando bien.

Esta enfermedad cambió todo en la vida de Celine Dion. No puede hacer lo que ha hecho durante décadas: cantar y en consecuencia disfrutar de la reacción del público por su enorme despliegue de talento en los escenarios.

No lo puedo hacer porque la enfermedad no se lo permite. En el documental se observa que su voz ya no es la misma. De su garganta brotan gritos más no esos agudos que podían erizar la piel de cualquiera.

Ahora vive entre pastillas y terapias para sobrellevar lo mejor que puede estos días de aciago.

En esta película Celine Dion es sincera respecto a su enfermedad. No esconde nada. Es franca con sus sentimientos. Reconoce que no la está bien y no intenta maquillar nada como lo haría otra estrella de su nivel.

UN FINAL DURO

Lo más triste viene al final cuando las cámaras captan el preciso momento en que padece una de sus crisis. La vemos sonreír y en segundos congelarse su rostro y su cuerpo en una rigidez dolorosa.

Sus terapeutas intentan sacarla de ese estado, mientras ella lucha, entre lágrimas, volver a la normalidad.

Así de honesto es este documental.

Soy Celine Dion también es una oportunidad para conocer su trabajo. Verla en los conciertos. Su obsesión por los zapatos y su actual rutina distribuida entre su tratamiento y la música, aunque ocultando, por ahora, su voz.

Que no se apague la voz de Celine Dion y que este documental sea motivo para valorar su trayectoria y reivindicarla por estos días.

IntensaMente 2: crítica a la cinta animada de Pixar y Disney

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Casi diez años después se estrena la secuela IntensaMente 2 (Inside Out 2) con nuevas emociones y una historia parecida.

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En esta segunda parte la protagonista ya es una púber y no la niña que la gobernaban emociones básicas. En esta nueva etapa de su vida aparecen otras que intentan adaptar a Riley a su nueva vida.

Es así que a las ya conocidas alegría, tristeza, ira, miedo y desagrado se suman ansiedad, envidia, sarcasmo y vergüenza.

Si en la primera película alegría dirigía a este grupo de emociones, en esta oportunidad ansiedad arrebata el liderazgo y dirige la vida de Riley.

Al inicio las decisiones tomadas por ansiedad parecen adecuadas y hasta maduras para el momento que vive la púber. Ella ya no es una niña y tiene que pensar en su futuro, así que una dosis de preocupación no parece inapropiada.

En ese momento de la película la salida de alegría parece adecuada quien añade un exceso de positivismo a la vida de Riley e impide su maduración.

Sin embargo esta parte de la película no es más que engañosa ya que conforme avanza la película ansiedad se saca la careta y aparece en toda su dimensión.

Así como mucha alegría limita la maduración de Riley, mucha ansiedad la angustia y puede causarle hasta daño físico.

No obstante la aparición de nuevas emociones en la cabeza de Riley, lo interesante es como se desarrolla ansiedad en toda la cinta y nos explica gráficamente como funciona en nuestro organismo.

La toma en que vemos a Riley sometida a ansiedad es muy buena y sirve para darnos cuenta de sus efectos nocivos.

Pero en general la cinta más parece una reivindicación de alegría. De alguna manera quedó como la villana en la primera película cediendo su protagonismo a tristeza quien terminó robándose el show en redes sociales.

En esta película identifican claramente quién es la emoción antagónica dejando a alegría como la salvadora de su querida Riley, sin que nadie le haga sombra. Así esta secuela «limpió» el nombre de esta emoción.

UN FINAL SIMILAR

Por otro lado, al final de la primera película la moraleja dejada a la audiencia fue que mejor es vivir con una mixtura de emociones que con el predominio de una sola, una conclusión similar (¿o igual?) a IntensaMente 2. Porque en el epílogo de la secuela también se nos dice que un poco de ansiedad o sarcasmo, también es bueno.

En general la secuela cumple y seguramente terminará gustando a todos los públicos. Pero la primera película sorprendió por un relato original y didáctico, en esta segunda sigue la misma fórmula y dinámica. Esta no sorprende.

Chabuca: Crítica a la película sobre la vida de Ernesto Pimentel

Supuestamente Ernesto Pimentel, más conocido como La Chola Chabuca, era uno de los personajes más queridos de la televisión peruana. Pero las reacciones en redes sociales parecen decir lo contrario.

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Chabuca de Jorge Carmona intenta ser un biopic de este personaje, bajo la única mirada del protagonista. No hay cuestionamientos a Ernesto en el filme, sino vemos en acción a un hombre capaz de superar todas las desagracias posibles hasta lograr su recompensa.

Queda claro que el planteamiento de Chabuca es el viaje del héroe que se construye desde abajo, supera todos los obstáculos y termina saliendo adelante.

El problema (no creo que sea el único) viene con un mal planteamiento del antagónico. Aunque en el filme se le identifica con otro nombre, se trata de Alex Broca, la expareja de Ernesto Pimentel.

El público sabe que en la década de los 90 Broca apareció en un programa de espectáculos para anunciar para hablar que tenía VIH y de su relación con Ernesto Pimentel. Una tremenda noticia que sacudió la televisión nacional.

Ernesto Pimentel sorteó este escándalo y continuó con su carrera televisiva, mientras que Broca, tiempo después, murió por esta enfermedad.

EL VILLANO

El problema es que en la película Broca aparece como el villano-el más malo de los malos- en esta historia. Algo así como la Soraya Montenegro de esta historia. No se profundiza en el personaje ni se menciona las razones que motivaron esta enemistad.

Lo que el público no ha tolerado es que se hable así una de persona fallecida, sin derecho a réplica.

Se entiende que la cinta está construida bajo la mirada de Chabuca. Es así como él ha visto su vida y probablemente es como vio a su expareja. Pero tomar este asunto delicado de una manera superficial terminó convirtiéndose en un bumeran contra la película.

TENEMOS QUE SUPONER

Qué motivó a Broca a develar este secreto: ¿celos, envidia o maldad pura? No hay respuestas a esta pregunta en la película, y como este caso hay que hacer muchas suposiciones. Por ejemplo, de qué murió la madre de Ernesto; qué pasó en esa casa de esteras, etc. (¿Real Plaza ya existía en los ’90?).

No hay que ser explícitos en algunas situaciones, pero alguna pista hay que dejar en el camino si se quiere ser sutiles como todo buen cine de autor (esto es sarcasmo).

En general la cinta se asemeja más a una telenovela bien hecha, con matices de humor, mucha superficialidad y corrección. Se queda a medias en todo. Intenta subrayar la discriminación a la comunidad LGTBI, pero todo queda en anécdota. Sin riesgo ni nada parecido poco se puede cosechar. Si quiere vaya a verla y saque sus propias conclusiones.

Guerra Civil: crítica a la película de Alex Garland

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Guerra Civil (Civil war) me ha dejado pensando. Quizás porque tengo una formación como periodista al terminarla de verla me dio la sensación que estaba viendo un cliché recurrente en el cine de Hollywood. O ¿no?

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Con cierta frecuencia observamos filmes sobre periodistas, en este caso acerca de fotoperiodistas, que representan a estos personajes como seres fríos y sin escrúpulos. Incluso a las mujeres periodistas las colocan como personas capaces de todo, hasta de meterse en la cama ajena para conseguir una exclusiva.

Pero y ¿si en realidad somos así? La película me ha hecho dudar. Hay momentos en nuestra carrera periodística donde conseguir la información en general, incluidas primicias o exclusivas se convierte en la tarea primordial. En ese afán la mirada está en lograr la historia, quizás porque inconscientemente se siente la obligación de llevar esta información al público necesitado de una respuesta.

Pero en esta película somos fríos, despiadados y deshumanizados. Seres creados para cumplir con objetivos, como los militares que destruyen Estados Unidos. Todo está planteado bajo la mirada de los villanos.

No obstante el planteamiento de Garland resulta por momentos contradictorio. Porque hacia el final los buitres se sacan el disfraz y muestran su naturaleza. Pero en la mitad de la cinta hay mucho compañerismo y empatía entre el grupo de periodistas que va grabando las consecuencias de esta guerra civil.

Ese heroísmo se observa, incluso, al inicio cuando la protagonista protege a una futura discípula.

Por eso no se entiende la resolución final. Por momentos parece la historia de antihéroes, seres de corazón duro capaces de encontrar la redención y belleza en ciertos pasajes de la película. Pero en el epílogo se decide cambiarles completamente la personalidad y convertirlos de la noche a la mañana en seres cínicos.

La guerra civil en Estados Unidos solo es el trasfondo para ensañarse con la labor del fotoperiodista. Esta sátira no gira sobre el conflicto bélico entre dos ejércitos del mismo país. Sino en cómo los hombres de prensa retratan la caída de una nación.

EL SONIDO, LO MEJOR

No obstante las reservas que se puedan tener, el final trae polémica, pero también propone el mejor momento de la película. La toma de la Casa Blanca es brillante. Solo por el sonido de esa secuencia el filme merece un reconocimiento. Esos minutos están bien trabajados.

El resto es para el debate y discusión interna. Eso es bueno en una película. Que te haga pensar, dudar y reflexionar.

Quiero creer que los periodistas no somos así.  He visto mucho compañerismo, idealismo, extraordinarios trabajos, competencia feroz y poco cinismo en el periodismo. Pero parece que los directores de cine ven otra cosa. Quizás un poco de reporteo no les venga mal.

En este caso vayan a la sala y saquen sus propias conclusiones. Tampoco es una mala película.

Ripley: crítica a la miniserie de Andrew Scott

En Ripley todo parece perfecto como su protagonista. La imagen, la composición, el encuadre, el color, parece que nada sale mal como los planes de Tom Ripley, un estafador exitoso capaz de vivir del dinero ajeno y que nadie se de cuenta de ello.

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Esta miniserie de Netflix es una adaptación de la serie de novelas de Patricia Highsmith sobre el personaje de Tom Ripley. En 1999 hubo una película llamada El talentoso señor Ripley con Matt Damon y Jude Law (disponible en Netflix).

En esta oportunidad los talentos ilícitos del personaje se desarrollan en una producción de ocho episodios para la plataforma más popular del mundo y cargo de Steven Zaillian, guionista de La lista de Shindler y El irlandés, entre otros.

BELLEZA QUE ABRUMA

La puesta en escena se desarrolla a blanco y negro con imágenes bellamente compuestas para contar las fechorías de este estafador.

Hay muchas tomas generales que nos dan una perspectiva en relación a su alrededor, pero hay un cuidado para que todo encuadre y funcione bien.

Este trabajo no es propio de unos cuantos capítulos, sino que se observa en todos los episodios de esta miniserie. Por eso, por momentos, tanta belleza puede ser abrumadora y hasta exhausta. De lo mejor, poco.

Así como abunda la belleza visual también aparecen con mucha frecuencia las escaleras. Ripley no deja de subir y subir por estas para alcanzar su destino. En el primer capítulo todos compartimos su cansancio que parece más ligero en los capítulos finales.

Pero quizás esta propuesta busca encajar en los planes perfectos de Tom Ripley a quien le sale todo bien. Ni la suerte ni el destino pueden con él. Podríamos decir que están a favor de su genialidad, incluso cuando puede parece acorralado.

No es una miniserie que corra rápido, sino se toma su tiempo en los diálogos y en la contemplación de sus imágenes. Con mucha paciencia va construyendo sus personajes y la atmósfera en que estos se desenvuelven.

TODO DETALLE CUENTA

También hay mucha paciencia en los detalles y decorados. Hay toda clase de objetos de la época a la mano de los personajes. Todo está bien cuidado y usado en la historia. Mientras que hay un trabajo minucioso para describir los crímenes de Ripley.

El delito se consume con mucha meticulosidad y no se recorta para aligerar la historia, sino se pone a disposición del espectador para mostrar como funciona la cabeza del protagonista.

Andrew Scott ofrece un personaje sin excesos, de gestos calculados y cambios convenientes. Y el gato (sí, hay un canino) aporta mucho desde un cómodo sillón. Es el testigo directo de los crímenes de Ripley y su mirada parece inculparlo. Lástima que no pueda testificar en una sala de juzgado.

Hay que tenerle mucha paciencia a Ripley, pero no deja de ser un trabajo bien hilvanado, por momentos abrumador, con mucho detalle y composiciones visuales magníficas. Recomendable.

 

Yana-Wara: Crítica a la película de Oscar y Tito Catacora

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Yana-Wara es la historia de violencia contra una adolescente. En una comunidad campesina de Puno una muchacha es sometida sexualmente por su profesor y lejos de encontrar justicia es sometida a una serie de absurdos.

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Es evidente que la protagonista de esta historia fue abusada. Las autoridades de esta comunidad reconocen el delito, sin embargo más puede su interés por ocultar este triste episodio que hacer justicia. Las apariencias, en este caso, son más importantes para los comuneros que sancionar al responsable de esta atrocidad.

Y en ese afán por esconder esta triste realidad es que someten a la adolescente a más vejaciones e injusticias.

Quien debería ser su defensor, su abuelo, solo sigue a pie de juntillas los mandatos de la comunidad. No se comporta como un apoyo o un salvavidas, sino como un ejecutor de recomendaciones. Su dizque amor por su nieta no lo motiva a revelarse, sino a seguir tradiciones.

SIN MUCHAS ESPERANZAS

La película no da esperanzas a la protagonista. Solo asistimos a una larga agonía o al retrato de una realidad desconocida a los peruanos. Aunque siendo francos la mayoría de mujeres, sean habitantes de zonas urbanas o rurales, víctimas de agresiones, pasan por una situación similar. A la agredida se le cree por unos segundos. Luego tiene que someterse a todo un tortuoso sistema de repeticiones y reproches donde ella tiene que demostrar su verdad.

No solo la justicia popular no da la razón a la muchacha, sino también la divina. Porque incluso cuando los curanderos intervienen ella sigue teniendo la culpa (¡Los dioses son machistas!). El mensaje queda claro, pero dedicarle varios minutos a estos mitos restan a Yana-Wara.

Al igual que Wiñaypacha no hay ninguna señal que la protagonista vaya a tener un feliz final, sino todo lo contrario, y el epílogo, como sucede a lo largo de toda la película, termina en una triste ironía donde el absurdo se impone al juzgar al responsable equivocado.

SUTIL Y EXPLÍCITA

La película blanco y negro ofrece una correcta ejecución en encuadres que permiten ver como la actriz protagonista, Luz Diana Mamani, nos transmite sus miedos, desconfianzas e iras con su mirada. Sin necesidad de hablar expresa toda la tristeza de su personaje.

Lo interesante de la cinta, también, es que es sutil cuando hay violencia contra la protagonista. Solo escuchamos susurros y gritos cuando es agredida. Pero es explícita cuando ella expresa su cólera o vemos en una toma una triste pérdida.

Hay que ver Yana-Wara que empezó Oscar Catacora y terminó su tío, Tito. A Oscar la muerte le apareció en pleno rodaje y su tío tuvo la enorme tarea de sacar adelante el proyecto. Al final quedó una buena película que parece no traicionar el estilo del sobrino. Recomendable.

 

 

 

Frida: Crítica al documental de Carla Gutiérrez

Con ayuda de sus propias palabras conocemos los dolores y pasiones de Frida Kahlo, una de las pintoras mexicanas más celebradas en el mundo.

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El documental Frida de la peruana Carla Gutiérrez (editora del documental RBG), estrenado en Prime Video, da unas pinceladas por la vida de la artista apoyándose en diarios, cartas, ensayos y entrevistas que dio en vida Kahlo.

Además de fotografías y vídeos a blanco y negro como declaraciones de amigos y su pareja, Diego Rivera.

Para narrar este viaje por la vida de la pintora hay una voz en primera persona encargada de darle vida a los testimonios de Frida Kahlo. Parte de la historia se acompaña, además, con coloridas ilustraciones de sus principales pinturas.

Lo interesante de Frida es que vamos conociendo una mujer de carácter, de palabras intensas, directa y honesta. Además de apasionada en sus relaciones como con Diego Rivera, destacado pintor mexicano, finalmente convertido en su esposo.

Conforme pasa el tiempo el dolor físico, causado por un accidente de tránsito, y sus amores la condujeron hacia su destino: la pintura. Al inicio ella estaba estudiando para graduarse como médico, pero finalmente sus días transcurrieron entre pinceles y colores.

Precisamente ese terrible accidente la introduce en la pintura ya que por iniciativa de su madre empieza a pintar amigos y amigas, así como realizar autorretratos.

EL PUNTO DE VISTA DE LA PINTORA

Los puntos de vista de la artista son realmente interesantes y sin filtros. No medía sus palabras y no tenía porque hacerlo ya que se refería a su intimidad. Sus aportes sin duda son ricos e interesantes.

Además que el documental ayuda a conocer las motivaciones de sus principales pinturas relacionadas, en su mayoría, a los dolores que su cuerpo debía soportar y también a sus relaciones.

Sin embargo el dolor más grande lo recibió cuando sufrió un aborto en 1932. Le recomendaron abortar dadas las condiciones de su maltrecho cuerpo, pero finalmente por recomendación de un médico amigo decidió continuar con el embarazo.

Aproximadamente a los dos meses perdió el bebé. Esta parte de su vida fue motivo de una de sus pinturas más recordadas (llamada Henry Ford Hospital o La cama volando).

Frida es un documental de la vida de la pintora desde su punto de vista. La película está para conocer qué es lo que ella pensaba sobre todo lo que rodeaba. Pero revela, además, una personalidad intensa.

Al final termina con una bonita canción titulada «Amores» de Marissa Mur y Luis Jimenez (las voces se parecen, pero no es Natalia Lafourcade). Recomendable.

Misión Kipi: Crítica a la película de Sonaly Tuesta

La película Misión Kipi tiene la buena intención de transmitir una proeza en el Perú: la fabricación de una robot para enseñar a niños y adolescentes de las comunidades campesinas del país.

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Decimos que es una hazaña porque estos trabajos no se hacen todos los días en un país donde la educación y tecnología tienen poco interés para los políticos y ciudadanía.

El profesor, Walter Velásquez, construyó a Kipi, un robot social capaz de aprender y transmitir conocimiento a los pequeños. También puede mover sus brazos y dar unas vueltas entre ellos.

La fabricación se hizo con piezas recicladas y durante la pandemia del COVID-19, época en que todo el país quedo recluido. El objetivo es enseñar a los niños de estas comunidades algunos con la suerte de ir al colegio y otros no.

La película plantea la relación del profesor con la robot y luego con sus alumnos. A través de esas conversaciones conocemos un poco más sobre el proceso de fabricación de Kipi y los servicios que ofrece a los escolares. Digamos la puesta en escena es más lúdica que documentaria.

FALTÓ ALGO

Uno se queda con la sensación que hay muchas preguntas en el aire por responder. No conocemos a profundidad al profesor Velásquez (no recuerdo si se llega a mencionar su apellido), el creador de la robot. No sabemos cómo se convirtió en ingeniero y por qué decidió trabajar con las comunidades. Conocer sus motivaciones hubiera contribuido a saber más de este personaje.

Tampoco sabemos en Misión Kipi si hubo un equipo detrás de esa creación o si recibió el apoyo de autoridades (lo que es fácil de suponer). Y detalles que los buenos documentales no dejan al aire.

Si bien tenemos que celebrar la creación de esta robot, no podemos dejar de señalar que el escenario en que se desarrolla la historia refleja el olvido de un país a la educación y tecnología, ironías que no se hacen hincapié en este documental.

Pero si la intención era que el Perú conociera de este trabajo, entonces el objetivo está cumplido. Lástima que la ciudadanía no respondiera como se esperaba (yo la miré con otras cinco personas en la única función disponible en Arequipa) y es que en el Perú no solo los gobernantes le dan la espalda a la tecnología, sino también su gente.

El bastardo: Crítica a la película de Mads Mikkelsen

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El bastardo (The promise land) no la tuvo fácil. En su afán por conquistar tierras inhóspitas en Dinamarca tuvo que enfrentarse a la nobleza y de esa lucha no se sale bien librado.

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Dirigida por Nikolaj Arcel (Un asunto real) y protagonizada por Mads Mikkelsen (Otra ronda, Hannibal, Doctor Extraño, Casino Royale) propone la historia de Ludvig un hombre interesado en cultivar papas en tierras áridas donde nadie se atrevía a cultivar nada en el siglo XVIII.

Augurando un fracaso el gobierno de esa época permite esta aventura sin reparar que están ante un personaje ambicioso y terco.

La misión no será sencilla para nuestro protagonista, porque la tierra no se dejará domar con facilidad. Pero a punta de tenacidad, peleas y maldiciones consigue cosechar papas en un país en que estas eran una novedad.

Lo que suponía un logro y un ascenso social significó en la práctica la aparición de un noble arribista quien viendo el éxito agrícola apela a su poder para arrebatarle la tierra cultivada. Ludvig no se quedará de manos cruzadas y enfrentará sin miedo al villano.

Ese enfrentamiento se muestra igual de duro como con la tierra, pero con matices crueles e inhumanos. Ese choque de clases sociales mostrará la cara del antagónico y llevará la límite al personaje protagonista. No obstante su perseverancia a prueba de todo lo mantendrá vivo en esta lucha.

El bastardo tiene el tono de un tierra árida, gris, dura, salvaje que retrata el momento de una época en que para ganar había que imponerse con violencia. No había de otra. Esta película de época es áspera, lejana del romanticismo y nostalgia que pueden generar este tipo de filmes.

Funciona bien, incluso cuando al final, cede a premiar a los justos. Pero qué es justo en esta historia. Recomendable.

 

Los que se quedan: Crítica a la película de Alexander Payne

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Los que se quedan (The holdovers) es una película de tres personajes rotos que coinciden en una peculiar Navidad para exorcizar sus demonios y dar el paso necesario para reorientar sus vidas.

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Un profesor de historia renegón, una cocinera abatida por la muerte de su hijo y un alumno distante de su padre conviven en un internado.

Cuando llega la Navidad profesores, administrativos y alumnos abandonan estas instalaciones, menos ellos.

La mamá del estudiante no se quiere hacer responsable porque prefiere disfrutar estas vacaciones con su nueva pareja.

Mientras que el profesor y la cocinera tiene que hacerse responsable de él y otros alumnos «abandonados» por sus papás.

Vamos a conocer los personajes

Payne no nos da mucha información sobre los personajes cuando arranca la película. Tenemos este problema y mientras se va resolviendo vamos conociendo poco a poco a los protagonistas, o en realidad ellos recién se van conociendo para darse cuenta que necesitan un cambio en sus vidas.

Convivir y externalizar sus problemas no hace más que cohesionarlos y empatizar entre ellos, hasta convertirse en seres diferentes a como empezaron.

Los que se quedan es una película típica de Payne con diálogos irónicos, reveladores y entretenidos entregándonos una perspectiva a situaciones tan comunes como convencionales.

El trabajo de Da’Vine Joy Randolph es conmovedor. Quizás lleva el personaje que tiene el conflicto más duro por superar, pero de alguna manera se las arregla para salir adelante.

Paul Giamatti en el papel del profesor antipático, experto en su materia, tiene que dejar del lado el ego y la soberbia para ayudar directamente al alumno abandonado y en consecuencia ayudarse así mismo.

Su trabajo ofrece un maestro muy intelectual, pero torpe en las relaciones personales, un Sheldon Cooper que debe aprender a vivir para sobrevivir.

Esta película no necesita más que buenas actuaciones y diálogos. Es lo justo y necesario para darnos cuenta que algunas veces tenemos que resetearnos y seguir adelante. Aunque duela. Recomendable.